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¡LOS HOMBRES TAMBIEN LLORAN, COŃO!

Los hombres no lloran y las mujeres no dicen tacos. Estas son las sentencias más machistas y erróneas que he oído desde niño hasta la actualidad, momento en que con 82 años he sufrido un infarto cerebral masivo que me ha dejado hemipléjico en silla de ruedas (con incapacidad total) y en el momento de mi vida en que, gracias a Dios, me encontraba mejor.

Las mujeres claro que sí deben decir palabrotas, cuando los hombres decimos tacos, por ejemplo “coño” y damos un puñetazo en la mesa, nos quedamos más relajados, como si hubiésemos tomado un Valium o tres Tranquimazín. Nuestras mujeres, las amas de casa que además han sido madres, trabajan en casa las 24 horas del día, los 365 días del año, sin vacaciones y sin poderse ir a casa a descansar. Tanto nosotros los hombres como ellas las mujeres, necesitamos desahogarnos para aliviar nuestro stress y nuestra presión emocional.

¡Los hombres claro que sí lloran coño!, (perdonen la palabrota, pero es la más floja que he podido emplear del amplio repertorio del lenguaje de la calle), lo que ocurre es que vivimos en unos tiempos en los que aún se reprocha a los hombres que expresen sus emociones y sentimientos. Emocionarse y romper a llorar siempre se ha interpretado, erróneamente, como un signo de debilidad o de cobardía, cualidades poco apreciadas en el género masculino.

Yo afirmo que llorar es cosa de hombres, es un signo de coraje, ternura y sensibilidad, lo que ocurre es que a los hombres que presumimos de serlo nos avergüenza que nos vean las lágrimas, y los hombres lloramos para dentro, tragándonos esas lágrimas que escuecen en los ojos, que amargan el paladar y estómago y que pasan a la sangre produciendo más daños que el colesterol, pues ocasionan infartos de miocardio y cerebrales.

He de confesar que la reflexión anterior se la oí por primera vez al excelente profesor, ginecólogo y mejor persona, D. José Botella Llusiá, en el discurso de homenaje que le dieron merecidamente sus compañeros a mi tío, D. Luis Estella Bermudez de Castro, entonces Jefe de Servicio de Cirugía en el Hospital madrileño de la Princesa.

Lo que me ocurre es que después de haber sufrido el infarto cerebral me ha quedado una mayor emotividad, puesto que me emociono con cosas tan sencillas como leer en voz alta y despacio el Padre Nuestro, el Ave María, el Credo o Señor Mío Jesucristo, o con la letra de una canción (por ejemplo la hija de Juan Simón, la caña y el junco, algo se muere en el alma o la soleá que Estrella Morente cantó en el funeral de su padre). Me emociono tanto o más que los españoles que hemos pasado más de 3 Navidades fuera de nuestro hogar, alejados de nuestra familia cuando oíamos el paso doble de la inolvidable Concha Piquer (suspiros de España), o cuando los argentinos oyen el tango, los portugueses el fado o los suramericanos la música latina (como sabe muy bien mi cuidador, el entrañable Milton).

Durante años hemos presumido de “machotes” en esta sociedad machista, ¿desde cuándo ser hombre es mejor que ser mujer?. Durante años, demasiados, se ha llevado el tipo de hombre “duro” con un toque de ternura, y ahora se lleva el tipo tierno con un toque “canalla”. Nunca hay que confundir la ternura y emotividad con debilidad o cobardía. ¡Dejemos llorar a nuestros hombres, mujeres y por supuesto a nuestro niños! y tendremos una sociedad más solidaria, justa y con más “humanismo cristiano”.

Sollozar es un grado más que el llorar. Los sollozos que sacuden el cuerpo y el alma se producen cuando las personas, por algún motivo, están aguantando las ganas de llorar. La emotividad es tan fuerte que se rompen en lágrimas, espasmos o sacudidas del cuerpo que no se pueden ni se deben reprimir, primero, porque no es malo y la persona se queda más tranquila y sosegada tras haberlo hecho y, segundo, porque no es un signo ni de debilidad ni mucho menos de cobardía, sino de coraje que ha sido superado hasta que la emotividad se desborda. Un hombre se rompe en lágrimas y si se reprimen estalla en sollozos.

No quiero pecar de sensiblero, pero poder expresar mis emociones sin avergonzarme, incluso poder enorgullecerme de tener sensibilidad y expresarla discretamente.

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Categorías:SOCIOLOGIA Etiquetas: , ,
  1. Paloma
    26 septiembre 2011 en 11:47

    Nunca me he sentido tan unida a ti como en los momentos en los que redactabas esta entrada a tu blog, tú como cabeza pensante y yo como tus manos en el teclado.
    Nunca habíamos llorado tanto JUNTOS. Llorando tu, sin sentimiento de cobardía o debilidad, sino de coraje y sensibilidad, tal y como expresas en el blog.
    Papá, te admiro y quiero muchísimo, por ser mi padre y por demostrar tu CORAJE y GANAS DE LUCHAR en estos duros momentos.
    Sigue así por favor, demostrándonos a todos tu gran resiliencia (te acuerdas?, este término lo oimos tu y yo juntos por primera vez en una de tus sesiones con Amaya).
    Un beso enorme (silencioso, seco e insonoro, de los que te gustan).Paloma.

  2. Esperanza
    25 octubre 2011 en 16:22

    Precioso tío lo que has escrito y de lo más entrañable. Será un buen desahogo para tu estado, que ya me alegro, te haya dejado tan recuperado.
    Un beso

  3. Amaya
    14 noviembre 2011 en 20:07

    Ay, Paloma, estoy tan de acuerdo contigo… pero yo desde el calor profesional que intento transmitir a esta maravillosa familia que hubiera preferido conocer en otras circunstancias.
    Yo no lloro contigo, Pepe, pero te ofrezco mi espacio para llorar si lo necesitas, y para reírte y enfadarte y calmarte y… tanto más, claro está!!!

    No dejes de escribir; éste blog está lleno de muchísima inquietud por saber y por contárselo a los demás. Así es como yo te veo, Pepe: como una persona tan llena de experiencias y valores que por muchos obstáculos que se te pongan por delante parece que están ahí a propósito para que tú los superes y, además, para que enseñes tu afán de superación a las personas que te rodeamos. Por descontado que para saltar esos obstáculos estaremos todos, familia y profesionales muy pendientes, a tu lado.

    Con toda mi admiración y mi cariño:
    Amaya

  4. Juana
    27 noviembre 2011 en 17:38

    Eres para mi un estímulo para seguir “viviendo” en las circunstancias que nos limitan capacidades que, con esfuerzo, habíamos desarrollado. Y me alegra infinito la reacción de todos, pero muy subrayado, tu mujer y tus hijos, por rodearte de cariño. Todo un símbolo, el trabajo en equipo familiar para que pudieras navegar este verano como todos. Y vivo como experiencia de “gracia” que las circunstancias tan adversas te hayan permitido tiempo sosegado para tomar conciencia gozosa de como te quiere tu familia y disfrutar más de tus maravillosos nietos.
    Saboreo con Pablo de Tarso: mientras el cuerpo material se desmorona crece el “hombre interior”. Cada vez creo más que somos más que lo que nos permite nuestro frágil cuerpo
    Un abrazo enorme, hermano querido Juana

  5. José Miguel
    5 mayo 2012 en 18:41

    El mundo esta lleno de “hemiplejicos de alma”, de “discapacitados en humanidad” que tras su corazón de hombres seguros de si mismos su sensibilidad se mueve en muletas.

    Desgraciado aquel que nunca ha experimentado el llanto provocado por la felicidad fugaz o el amargamiento.

    Con el llanto nos hacemos humanos y conmovemos a nuestros semejantes invadiendolos con nuestros sentimientos y haciendoles mejores personas.

    Nuestra sociedad nos ha vuelto vagos y perezosos en cuestión de sentimientos, pasivos ante el entorno, dejandonos llevar por la vida sin considerar que cada uno de nosotros puede cambiar la nuestra vida o la de los demas.

    Un fuerte abrazo, José Miguel
    Tu sin embargo enciendes la vida de los cercanos a ti cuando te muestras tan humano y sensible.

    Gracias por tu testimonio.

  6. 7 mayo 2012 en 14:28

    Siempre he admirado a tu familia y ahora tengo un motivo más para hacerlo.
    Tu comentario sensible, humano y certero enriquece mi entrada. No se puede expresar en menos palabras los sentimientos que inspiro o provoco.
    Gracias Jose Miguel por enriquecer mi blog. Conocerte a ti y a tu familia ha enriquecido mi vida.
    Un cariñoso abrazo para todos.
    Jose Estella

  7. Javier Agudo Díaz
    17 mayo 2012 en 13:46

    Buenos días, “jefe”.
    Soy Javier Agudo ¿me recuerdas? Hace una eternidad, a finales de la década de los 70, fui interno en el servicio que tú dirigías en el Clínico. En aquel momento contabas con un equipo integrado por el Dr. Olías, quien acababa de terminar su residencia, Mª Carmen y varios internos, entre los que tuve la suerte de contarme. Estuviste en mi boda, en diciembre de 1981 me casé, y tengo una foto en la que mi mujer y yo posamos contigo, con tu bellísima esposa y con Braulio de la Calle (q.e.p.d.)
    Por casualidad he llegado a este blog y me he encontrado con la sorpresa de ver que eras tú, realmente , quien lo conduce. Veo que estás pasando por el trance de una dura enfermedad a la que te estás enfrentando con la gallardía que siempre te caracterizó.
    Espero que disculpes que aparezca como un intruso en este foro. Quería dirigirte unas palabras de ánimo y, sobre todo, de agradecimiento. La vida me ha ido y me va bien. He pasado por diferentes servicios de medicina laboral, ocupando cargos de responsabilidad en los últimos años, soy profesor de un centro de estudios de postgrado y universitarios en materias de Gestión Sanitaria y de Prevención de Riesgos Laborales y Medicina del Trabajo y soy el médico titular de una residencia de ancianas. Como ves no me falta ocupación. Me he ganado la vida en este mundo tan difícil de la medicina y estoy muy satisfecho con mi trayectoria, de lo que, en parte, te responsabilizo.
    Quiero agradecerte el tiempo que me dedicaste, la forma en que me trataste siempre, haciéndome sentir que podía llegar a ser un buen médico, el ejemplo que, a lo largo de esos 4 años que compartimos, me diste. Siempre quise parecerme a ese profesional ilusionado, comprometido, estudioso, entusiasta de su profesión que siempre has sido.
    En aquella época yo era un joven imberbe y te veía en un pedestal, del que a mis ojos nunca te has bajado. Te llamaba de usted y no pude dejar de hacerlo entonces. Hoy, en principio me ha costado tutearte, pero lo hago como un signo de cercanía afectiva, de consideración hacia alguien por quien siento un enooorme agradecimiento y al que quiero mostrar mi cariño y mi solidaridad en estos momentos difíciles..
    Un fuerte abrazo. Te ruego que transmitas mis respetos a tu esposa y a tus hijos.

  8. Carmen Salazar
    19 mayo 2012 en 7:55

    Mi querido y admirado Dr. Estella.
    Me he emocionado viendo por casualidad este blog y estoy tan impresionada de ver, lo que te ha pasado, que no puedo reaccionar.

    Quiero reflejar en tu blog que has sido, un gran Cardiólogo, un número uno en tu profesión y como persona, un ser humano maravilloso, bondadoso, cariñoso, sensible, otro número uno como persona.

    Mi querida madre Aurora te adoraba, para ella eras su ángel protector, el cuidador de su corazón, mi madre esperaba con ilusión el día de Navidad o el día de San José, para regalarte lo mejor que ella podía, “que, en ese momento de su vida no era mucho”, porque para ella, tú te merecías mucho más, si ella hubiese tenido el Mundo, te lo hubiese dado, del cariño y el respeto que te tenia.

    Mi querido Estella, “a si te llamábamos en mi casa” Te mando el abrazo más grande y más intenso que puedas imaginar y te deseo lo mejor del Mundo, a ti, precisamente a ti, que has conocido los corazones de miles y miles de personas y el que menos conocías era el tuyo, que es el más grande y el más hermoso.

    Mayka Salazar

  9. Dr. Perez Pujol
    11 julio 2014 en 21:00

    Querido D. José: no nos conocemos pero yo tuve el honor de trabajar (siendo alumno interno) junto a su tio D: Luis Estella en el entonces Gran Hospital de la Beneficencia General del Estado. a través de él conocí a D. José Estella. Que dos monstruos de la medicina. Autennticos héroes de la cirugía, encorsetada por una anestesia que les obligaba a efectuar grandes intervenciones en tiempos cortos. Y D. Luis con aquel genio que sacaba para ocultar su ternura. Para mi fueron unos años inolvidables. Espero que una vez vencido el Infarto, goce usted muchos años de la compañía de sus seres queridos que desde luego los tiene (vistos los comentarios ut supra).

    • 21 julio 2014 en 16:43

      Le agradezco el comentario sobre mis entrañables tíos, pero sobre todo lo acertado del comentario del tío Luis, no siempre bien entendido, pero lo que dices de la ternura oculta por su genio es absolutamente verdad y muy bonito.

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