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Historia de España a través de un españolito de a pie

Nazco en el año de la gran depresión, 1929. Cierto que en España no repercutió como en EEUU donde por la Quinta Avenida había que mirar que no te cayese un financiero o empresario suicida.

Recuerdo los bombardeos alrededor del colegio de los Salesianos, cuando yo tenia 7 años y comenzó la Guerra Civil Española. Mi padre, viudo, y con seis hijos, tuvo que desplazarse para entrevistarse a petición del ministro de trabajo, Girón, para que articulase la Ley de Sindicatos Verticales, porque fue número uno de la promoción de Abogados del Estado. El número uno de la promoción anterior, Calvo Sotelo, fue asesinado. El Fin de la Guerra Civil en 1939 viene marcado por el discurso de Franco: “Españoles en el día de hoy las tropas han alcanzado los últimos objetivos militares. Españoles, la guerra ha terminado”.

La Alemania de Hitler invade Polonia dando lugar al comienzo de la II Guerra Mundial, 1939. Hubo una reunión entre Hitler y Franco en la estación de Hendaya (en la frontera de España con Francia); esta reunión es emblemática porque para Hitler era esencial que España entrase en la guerra para controlar el norte de África y el estrecho de Gibraltar. Franco no quiso someter a España a otro sacrificio como pedía Alemania. Al final de la reunión Hitler comentó: “Prefiero que me saquen todas las muelas antes que volver a negociar con este hombre”. España no entró en la Segunda Guerra Mundial, pero quiso poner su granito de arena en la lucha contra el Comunismo, mandando la División Azul a luchar contra los rusos. Aunque EEUU lanzó la bomba atómica con muchísimas víctimas mortales, era la única forma de conseguir la rendición de Japón. La guerra fue tan cruel que amenazaba a muchos jóvenes; uno de estos, polaco, lo tuvimos como un compañero más en el colegio los Salesianos de Salamanca.

La Guerra Fría empezó con las gravísimas tensiones entre Rusia y EEUU tras la Segunda Gurra Mundial.

La reválida era el examen que comprendía todas las materias de estudio de los siete cursos del bachillerato. Íbamos en una lista confeccionada por el colegio en orden decreciente de acreditación, por los que a partir de uno cierto número no pasaban a la Universidad.

Yo aprobé este examen y me propuse entrar en la carrera de medicina, que incluso actualmente, es de difícil acceso, puesto que se exige una nota mínima alta.

Durante mi primer curso de medicina el Decano dijo: “Para ser médico se necesita estómago y ojo clínico”. Todos pasaron por el tema del estómago que era introducir un dedo en el ano de un cadaver y chuparlo, pero algunos fallaron en el ojo clínico, porque el decano había metido un dedo y se había chupado otro.

Después de acabar los siete cursos de medicina me doctoré en Antropología, obteniendo la máxima calificación. Para mí lo más relevante fue que los compañeros me eligieron como Delegado de Curso, teniendo que negociar y conseguir un resultado justo en las decisiones importantes de los profesores, algunos tan difíciles como el Decano, al que no conseguí acceder a pesar de mi posición oficial, pero tuve la paciencia y la insistencia suficiente para que me presentase en una carta de presentación, requisito obligado para acceder a un Hospital Universitario en EEUU, por lo que no tuve reparo en presentarme en su domicilio particular para conseguir mi objetivo. Se extrañó de mi atrevimiento pero accedió al fin.

Mi padre consideraba que con mi edad debía vivir por mi cuenta y solicité una beca que ofrecía el Ministero degli Affari Esteri italiano, que me fue concedida para ir como médico al Hospital Universitario de Turín, mundialmente famoso por el prestigio de los hermanos Dogliotti, Julio Cesare, cardiólogo clínico, y Achile Mario, cardiólogo quirurgico, uno de los primeros en hacer transplante de corazón. Durante mi estancia alli, los rusos mandaron un hombre a la luna y fui llamado para constatar que los latidos recogidos correspondían al de un ser humano, cosa que yo corroboré.

Tras mi experiencia en Italia, conseguí un contrato de trabajo como cardiólogo en el Hospital Universitario de Baylor. Al año me ofrecieron continuar como médico-jefe de medicina interna durante dos años. Compartí el apartamento en la Dorchester House de Dallas con el jefe de cirugía, doctor Arturo Rodríguez Aguillón, de Monterey (Méjico).

Tenía bastante dinero ahorrado y sabía que si no lo declaraba lo podía perder o recibir un cambio de dólares a pesetas absolutamente desfavorable, informado en el consulado español. Decidí importar un Chevrolet Impala del año 1959, una preciosidad de coche. Aconsejado que diese 10.000 pesetas a Carlos “el de los coches”, no tuve problema para pasarlo y lo traje conduciendo desde Barcelona a Madrid, dejándolo en un aparcamiento cercano al Estadio Bernabéu. Pronto recibí una oferta para comprar mi coche, haciendo un buen negocio. Lo alquilaban a un altísimo precio como limusina para eventos muy importantes.

Regresé al Clínico de Madrid con un excelente currículum en diversas universidades nacionales e internacionales. Entré como jefe clínico de Cardiología dentro de la Cátedra del Profesor Gil Sanz, donde daba unos cursos de cardiología que tenían un gran éxito de aforo.   Por su asistencia pagaban una pequeña entrada, y fue con ese dinero con el que me compré un equipo de Eco-Doppler, para la Cátedra – era, junto con el de la clínica Quirón de Barcelona, los únicos de España-.

Los laboratorios Berenguer-Beneyto me ofrecieron comprarme 30.000 ejemplares de mi libro de electrocardiografía, por lo que hice una edición especial; los libros pesaban tanto que me aconsejaron que no los metiese en un piso, de forma que los guardé en una farmacia gracias a un amigo. Los laboratorios, en vez de regalar bolígrafos prefirieron ofrecer mi libro en sus visitas a los médicos.

Tras la cátedra, decidí abrir una consulta privada y semi-privada porque tenía muchísimas personas deseando saber mi opinión sobre sus problemas cardiacos. Me animé a comprar otro equipo Eco-Doppler para mi consulta particular. El éxito fue increíble. Todo eran elogios para bienes y regalos. Algunos tan abundantes en mariscos, crustáceos y ostras que tenía que invitar a todos mis amigos para que las viandas no se estropeasen. Creo que mi éxito se debió fundamentalmente a que escuchaba con paciencia y atención las palabras de mis pacientes, seguro de que de esta forma podría entender mejor sus problemas y ayudarlos.

Todo el mundo estaba pendiente de España y del paso de una dictadura de 40 años a la Democracia, la transición, meticulosamente diseñada por don Torcuato Fernández Miranda y llevada a cabo por don Adolfo Suárez, controlando las fuerzas vivas, el ejército por el general Gutierrez Mellado, la Iglesia, por el cardenal Tarancón y la Falange, por don Cristóbal Martínez Bordiú, nombrado al efecto (hacerse el harakiri). Mis compañeros norteamericanos, mejicanos y argentinos estaban convencidos de que iba a ser traumática, incluso sangrienta. En las salas de oficiales se hablaba del riesgo de una nueva Guerra Civil. Afortunadamente, somos respetados y considerados como un país civilizado, culto y responsable, incluso en el aspecto de la recuperación económica estamos a la cabeza de Europa.

Inesperadamente, en 2011 y tras años como profesional de la medicina, cuando estaba en lo mejor de mi vida, tuve un ictus isquémico que en el gran Hospital me transformaron en hemorrágico sin hacerme ninguna prueba (tiempo de hemorragia, coagulación, retracción del coágulo), que me dejó hemipléjico, afectando a todo mi hemicuerpo izquierdo. Ahora, estoy en silla de ruedas después de haber estado hasta las 5 de la mañana bailando Sevillanas. No me siento culpable en absoluto. En todo caso, el castigo fue muy superior a mi culpa (el valor Cristiano del sufrimiento humano, obra del Ex-Sumo Pontífice Benedicto XVI).

Con gran tristeza y añoranza por la vida que dejaba, a la que había entregado tanto y había recibido tanto en forma de gratitud y reconocimiento, empecé a vivir una nueva vida, para mí prácticamente vacía comparándola con la anterior. Ahora disfruto de mi familia (hijos, mujer, nietos, etc.) y verlos crecer y adaptarse a la vida es una Bendición de Dios, a quien agradezco este privilegio. Ahora disfruto mucho más de las pequeñas cosas que antes me pasaban desapercibidas.

Que Dios nos bendiga y nos acompañe con su Divina Providencia.

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Categorías:HISTORIA
  1. Paloma
    17 diciembre 2015 en 16:37

    Hola!. Me ha encantado esta entrada!. Es muy original al compaginar tu vida con la Historia de España que te tocó vivir. Intercalando episodios de tu vida propia con los acontecimientos que vivieron los demás españoles. Pero lo cierto es que la historia que ahora me interesa más es la del españolito a pie que alimenta este blog. Muchas gracias Papá!. Cada día, entre conversación y conversación me entero de algo nuevo de tu vida que no sabía (anecdotas, etc.). Un abrazo de los nuestros y a seguir alimentando este blog.

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